Blanco y Negro: bajo la mirada del sujeto

 

No hay fecha ni hora en que la nada existiera en un entonces, ni que esta conociera la referencia alusiva al límite. Sólo ha sido una materia gris que se formó sin llegar a saber el porqué, sin determinar o percibir el ambiente.

La fricción entre dos elementos fue lo que definió la oscuridad y la luz; a lo que el impacto a su vez trajo calor y humedad, por lo que se define una forma de vida brusca y sintética, a lo que se resume, un organismo complejo.

Ese ancestro común empezó a formar una membrana compuesta de energía alimentada con el ambiente, la vida misma empezó a dejar huella en la superficie: su primera muestra de razón ha sido moverse, lo que en su existencia comprende.

Su rastro se hace cada vez más evidente, sus cepas se desprenden al moverse y sus núcleos transmutan hasta formar una especie distinta como las que se aprecian en el diario vivir, particularmente, la que es capaz de interpretar esta publicación tras años de evolución.

Un poco de epistemología sirve apenas para denotar las dudas sobre la existencia, que le atribuye, incluso, a la de sí; todo partiendo al punto de que la tierra como el ser vivo que habita en ella, requieren del movimiento para llegar al punto más alto de la cadena vital.

El sujeto, durante su ciclo de vida obtiene saberes necesarios para emitir una síntesis, así como es capaz de abordar una respuesta, que lo hace propenso a albergar dudas, como también errores; el sentido de vida como las opciones se reducen y agudizan, el desespero por respuesta hace perder la voluntad, y la decisión precipitada se hace frustración.

Las mismas son inquietantes, las oportunidades se reducen como cara o cruz, luz o sombra; su factor común está en las caras del objeto, que, por otro lado, el sujeto no le sienta bien manejar una dualidad, por lo que se contrae a su intención, su acción se hace contraproducente.

El susodicho se hace presente en la condición adversa a la que cae, su conciencia es la manecilla que determina su valor y el nivel de su camino, sin importar dónde se sitúe en tierra; cuando este reconozca que no hay camino, este se matiza hasta tener su propio lugar.

Su búsqueda empieza desde cualquier punto de partida, lo necesario será adaptarse sin perder su esencia frente a demás formas; la lucha es con sí mismo, en lugar de ser contra los demás: lo blanco y negro no se contrapone ni descarta mutuamente, sino que se superpone y complementa, como el ying & yang.

La esencia de cualquiera como la de los demás es de punto sin igual, uno y otro son tan diferentes pero similares, compuestos que cada uno tiene como deber complementar, sin ello su búsqueda sería caos y nulidad.

 

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